Chacorta

 

Santiago Garrido

* Por Santiago Garrido
Director del Equipo de Trabajo en Causas de Malos Tratos y Crueldad contra los Animales de la Fiscalía General Bahía Blanca 

 

El 7 de mayo de este año al mediodía a la salida de una cochera ubicada en calle San Martín 38 de Bahía Blanca un conductor atropella y causa la muerte a Chacorta, un querido perro de la ciudad.

Las imágenes de una cámara de seguridad se viralizan y producen indignación. Allí se puede observar a un automóvil saliendo en infracción marcha atrás de la cochera y a Chacorta yendo a “torearlo” por la parte delantera, justo cuando el conductor cambia abruptamente el recorrido y marcha hacia adelante. Entonces lo arrolla con las ruedas delanteras y traseras y continua su marcha sin detenerse a auxiliar al animal.

Tal es la conmoción social que horas más tarde el mismo conductor sale a hacer un descargo público en un medio de comunicación local. Explica lo sucedido y asegura haber tomado conocimiento del hecho con el video en las noticias. Dice que nunca vio a Chacorta ni sintió cuando lo pisó.

Las opiniones de la comunidad se dividen. Algunos sostienen que no se puede responsabilizar al conductor por la muerte de Chacorta porque fue el propio animal el que se dirigió al punto ciego del vehículo y luego no tuvo reflejos para salir. También están quienes entienden que el arrollamiento no fue intencional, pero consideran que el conductor debe ser sancionado penalmente por su actuar negligente, ya que realizó una maniobra antirreglamentaria sin tomar los recaudos para no lastimar a un tercero. También se lo acusa por no haber asistido a Chacorta.

Más allá de lo que opinemos desde el punto de vista moral todos los que nos sensibilizamos con el sufrimiento de los animales no humanos, lo cierto es que en materia de responsabilidad penal en Argentina rige, desde 1954, la Ley 14.346 de Malos Tratos y Crueldad Contra los Animales, que en el inciso 7 de su artículo 3 amenaza con prisión de 15 días a un año la comisión del acto de “lastimar y arrollar animales intencionalmente, causarles torturas o sufrimientos innecesarios o matarlos por sólo espíritu de perversidad.”.

El legislador tomó la decisión de excluir los casos de arrollamiento culposos de animales del derecho penal y de reducir el alcance del tipo penal desde su faz subjetiva al utilizar el adverbio “intencionalmente”, que funciona como refuerzo del dolo directo, excluyendo también el dolo eventual.

En la actualidad no se puede imputar un delito penal a alguien que arrolla un animal y lo lastima o mata por un obrar negligente o antirreglamentario en la conducción de su vehículo.  Si no hay intención, no hay delito.

En el caso bajo análisis, aún teniendo en consideración que es poco probable que el conductor no se haya dado cuenta que le pasó por encima a algo con las dos ruedas y que decidió seguir su marcha sin detenerse a prestar auxilio, su conducta quedaría impune por falta de previsión legal en ese sentido, a diferencia de lo que ocurriría si la víctima fuera un animal humano.

En materia penal rige el principio de legalidad, es decir que nadie puede ser condenado sin la existencia de una ley previa que lo disponga a través de lo que se denomina tipos penales. Esta interpretación debe ser estricta y restrictiva y sirve como límite al poder de represión estatal en protección de los derechos de todos los ciudadanos, de la división de poderes, la democracia representativa, la segundad jurídica y la función de prevención del derecho penal.

Pero no debemos desanimarnos. La ley 14.346 existe desde hace casi 65 años y su aplicación recién comenzó a ser relevante en algunas jurisdicciones del país en los últimos 5 o 6 años. Bahía Blanca es, de hecho, pionera en la materia.

No hay duda que la aplicación de la ley irá en aumento a medida que la sociedad vaya cambiando la visión que tiene respecto de los animales no humanos como seres sintientes.

Para tranquilidad de muchos, este proceso está en marcha y en este momento el Congreso de la Nación trata el proyecto de reforma de la ley. Entre otras modificaciones, incluye las figuras culposas y no excluye el dolo eventual en los tipos dolosos. También pena el abandono o colocación en situación de desamparo. Esto resolvería los problemas que presenta la legislación penal actual y garantizaría una protección más amplia de los derechos de estos seres vivos con los que compartimos diariamente la vida en sociedad.

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